miércoles, 17 de agosto de 2011

New Zealand,

New Zealand. De "new" y de nuevo lo tiene todo sin duda. Para mí lo es todo. Viajar tantas horas en avión, volar tan lejos, vivir sola, en simples palabras, manejarme sola. No es que en Bs. As no lo hacía: tenía mi trabajo, tenía mis ahorros (mi manejo de plata, trámites, etc), mi carrera. Pero después llegaba a casa y tenía la comida hecha y las compras del super compradas. No tenía que conseguir un lugar para ¡vivir!, ni más ni menos que un lugar para vivir y dormir. Tenía la vida, sin querer, planificada. Y la famosa rutina.
Esta vez tocó Nueva Zelanda, pero pudo haber sido un país más cercano y pasar por lo mismo: sola en un lugar que no es mi casa, ni mi barrio, ni nada. Con el tiempo voy cayendo en donde estoy (todavía, sí) y de lo que vivo. Que 1 año es 1 año. Aunque a veces con todo lo que quiero hacer pienso que es poco y no me va a alcanzar.
Todavía me acuerdo esa primera sensación cuando el avión despegó desde Ezeiza; con Gonzalo nos miramos como recordando esa primera charla en la clase de geografía sobre irnos, irnos bien lejos con un programa de work & travel. (¿Y si nos vamos a Nueva Zelanda? Dale, pongámonos a ahorrar y en Octubre aplicamos para la visa).
No había llorado en la previa hasta que las mellis se pusieron a llorar, tímidamente, como si se ocultaran para que yo no me ponga mal pero fue inevitable cuando las vi: solté un par de lágrimas y ahí sí, el saludo final: Chau familia, hasta dentro de 12 meses.
Fue como si nos hubiesen metido a mi y a Gonzalo en una cápsula del tiempo o qué (del tiempo puede ser porque son 16 horas más) y nos hubiese dejado en otro planeta: habíamos llegado por fin a "nueva Zelanda" y estabamos en una isla, en país donde se hablaba inglés y donde la cultura, es bastante diferente a la nuestra. No teníamos rumbo, no sabíamos después de Auckland qué iba a tocar, pero esa era la parte divertida, ahí comenzaba el verdadero viaje.
Después de días muy divertidos en el Base y de conocer gente de diferentes nacionalidades (volver al "hostel" fue para mí una respiración y volver a palpitar el viaje y me recordó que ese era el lugar donde quería estar), buscamos en grupos de facebook o en comentarios de la gente del hostel a dónde ir después. Ahí fue cómo decidimos ir a Tauranga, sabíamos que había trabajo en campo y si bien al principio estaba algo negada con eso, me decidí por ir.
Auckland para mí al menos resultó ser una gran ciudad con sus diferentes matices. Fue como estar en una película. Gente asíatica, hindúes, árabes, muchos con sus atuendos- , vestimentas atípicas para nosotros, otra cultura. Auckland fue todo, fue el principio del libro, fue el comienzo y punto de partida del viaje, fue la bienvenida.

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